Los murales de Praia Formosa
Peces, aves y barcos fantasma a carbón en los muros de pescadores de Fortaleza: el repertorio de Chico da Silva antes del gouache y la Escuela de Pirambu.
Praia Formosa era una playa pequeña al pie del Passeio Público, en el centro de Fortaleza. Estrigas, en A saga do pintor Francisco Domingos da Silva (1988), registra los otros nombres que tuvo, Praia do Gasômetro y Poço da Draga. A comienzos de los años cuarenta vivían allí algunas familias de pescadores, en casas encaladas, y en esos muros blancos aparecieron dibujos de gran formato: peces, aves, barcos. Fueron las primeras obras conocidas de Chico da Silva. Ninguna sobrevive.
Los otros muros de un pintor de paredes
Roberto Galvão, en Chico da Silva e a Escola do Pirambu, fecha el comienzo en 1937, cuando Chico se ganaba la vida pintando paredes y, a veces, cubría una superficie recién encalada con animales de su invención. El propio Chico repetía la fecha: “Em 1937 eu era pintor de paredes e de muros”, su respuesta a un cuestionario de la pintora Heloísa Juaçaba que Estrigas reproduce. En 1972 describió una de esas mañanas al Jornal do Comércio: salió a las cinco, se apoyó en un muro encalado de poco y pintó una leyenda amazónica, un ave muy grande, un perezoso, un urubú, una serpiente. Cuando la revista Vida das Artes le preguntó en 1975 por qué pintaba muros, la respuesta entera fue “Fazia bem à vista”: le hacía bien a la vista.
La cronología tiene cabos sueltos. Galvão lo pone dibujando en muros ya en 1937; Estrigas sitúa la llegada de la familia a Fortaleza hacia 1940, tras años en Quixadá, en el interior de Ceará. La disputa sobre su fecha de nacimiento es una historia aparte, contada en El caboclo del Alto Tejo. Sobre el lugar, en cambio, Estrigas no admite duda: los dibujos estaban en Praia Formosa, adonde Chico llegaba caminando por la orilla desde Pirambu, su barrio, y situarlos en Pirambu es un error que la prensa repitió durante años. Registra también cómo otros pintores dieron con los muros. Aldemir Martins recordaba que él y Antonio Bandeira, camino de bañarse bajo el Passeio Público, vieron dibujos a carbón y ladrillo en una pared cerca del antiguo gasómetro; los dos señalaron después esos muros a Jean-Pierre Chabloz.
Carbón, ladrillo y hojas
Pintura no había. Galvão describe grandes dibujos de color sobre las paredes encaladas de las casas de los pescadores, hechos con carbón, tizas improvisadas y pigmentos vegetales obtenidos frotando hojas contra la propia cal. Chico dio el inventario en una entrevista de 1973 al Jornal da Imaculada: carbón, hojas verdes, ladrillo blanco y rojo. Los fragmentos de ladrillo y de teja daban los rojos; la hoja triturada, los verdes; el carbón, el negro y el gris. El muro ponía el fondo y, raspado y frotado, buena parte de la paleta. Chabloz, el pintor suizo que se detuvo ante los dibujos en 1943, escribió más tarde que Chico le probó el método con una pequeña demostración en la propia playa.
El repertorio antes del lienzo
Lo que había en esos muros se conoce sobre todo por Chabloz. En las memorias reproducidas en el catálogo Chico da Silva vê Chabloz vê Chico da Silva, recordaba dibujos esbozados a carbón o tiza: grandes pájaros de líneas elegantes, peces algo monstruosos, extrañas apariciones de barcos fantasma. Lo que lo sedujo, escribió, fue su originalidad, su estilo marcadamente arcaico y su poder de evocación poética. De los vecinos solo obtuvo un rumor sobre un caboclo que se entretenía garabateando los muros y desaparecía sin dejar dirección. Las etiquetas, arte naïf, arte popular brasileño, llegaron después; en la playa solo estaban los dibujos.
Ese inventario de 1943 se lee como una lista de lo que Chico pintaría durante las cuatro décadas siguientes: los peces, las aves, los barcos, el bestiario que el grupo luego llamado Escuela de Pirambu multiplicaría en los años sesenta. Rinha de Galos (1969), un gouache de la Colección João Cunha, es ese repertorio un cuarto de siglo después, con las grandes aves de los muros ahora enfrentadas. En el catálogo de la muestra del MIS-CE de 2024, el educador Alisson Freitas lee una riña de gallos de 1969 de Chico a través de los recuerdos de su padre, que de niño soltaba su gallo en las riñas de Pirambu.

De la cal al gouache
El autor de los dibujos tardó meses en aparecer. Estrigas registra que Chico se escondía del extranjero que preguntaba por él porque temía un castigo por rayar paredes ajenas; en la versión de Galvão, Chabloz resultó, para sorpresa de Chico, no ser el dueño de los muros ni tener queja alguna. El encuentro y sus consecuencias son el tema de Chabloz y el descubrimiento. Lo que importa aquí es el cambio de soporte. Chabloz le entregó gouache y papel, y Chico dejó los muros por un formato portátil y de paleta mucho más amplia. Estrigas condensó el paso en una frase: con el papel, sus cuadros fueron adonde los muros no podían ir.
Chabloz guardó una reserva sobre ese intercambio. El mural, escribió años después, había sido el punto de partida de la libre expresión artística de Chico y debía ser, a su juicio, su desenlace lógico; lo imaginaba iniciado en la técnica del fresco. No ocurrió. El gouache sobre papel, luego sobre lienzo, es el medio en que la obra existe y en que puede verse hoy entre las pinturas. Briga de Galos (1972), gouache sobre lienzo, lleva el motivo nacido en los muros a ese formato posterior.

Lo que queda de los muros
Materialmente, nada. Galvão escribe que los años anteriores al encuentro con Chabloz no dejaron obras ni registros; quedan relatos y unas pocas fotografías que Chabloz tomó de un trabajo en curso, durante su segunda estancia en Ceará entre 1945 y 1947. La playa también cambió: Estrigas anota que Praia Formosa está hoy flanqueada por la avenida Leste-Oeste. El catálogo Chico da Silva vê Chabloz vê Chico da Silva reproduce una fotografía de la playa en los años cuarenta, del archivo Nirez: arena, jangadas y las pocas casas de cuyos muros trata este capítulo.
En los relatos posteriores, los murales conservaron su lugar en el origen de la obra. Cuando el cortometraje documental de Pedro Jorge de Castro sobre Chico circuló en 1976 y 1977, un programa de exhibición lo presentaba por los muros: pintaba en las casas de los pescadores, explicaba, porque vivía frente al mar. La vida que llevó a esa playa y lejos de ella se cuenta en la biografía; el repertorio nacido en la cal puede verse en las pinturas de la Colección João Cunha.